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La homogeneización o el fin de las diferencias

Hoy las campanas de la iglesia tocan a muertos. Esta es una de esas pequeñas costumbres que aún perduran en algunos pueblos de la península junto a muchas otras, algunas más conocidas y otras más singulares. A veces me sorprende como han podido pervivir durante tanto tiempo prácticas que ya se realizaban hace siglos. En el día a día no nos solemos fijar demasiado en estas cosas y muchas veces creo que no las valoramos lo suficiente. En ocasiones ni tan solo nos percatamos de que son hábitos propios de nuestra región y de que no son nada comunes en otros territorios de la península. Solo cuando viene algún forastero y nos dice lo raro que es lo que hacemos, nos damos cuenta de que unos kilómetros más allá, aquello que nos parece tan habitual se convierte en algo un tanto extravagante.

 La vida es compleja, a veces demasiado y, creo que estaréis de acuerdo conmigo, algunas veces nos queremos dar un respiro e inconscientemente simplificamos cosas que en verdad no lo son. De vez en cuando, sin darnos cuenta, asumimos que el mundo que nos rodea es el único que existe. Con nuestras costumbres, nuestra comida, nuestra forma de hacer las cosas y no vemos más allá. Nos refugiamos en un espacio que, aunque real, no es el único.

 Ahora que el verano ya está aquí una oleada de visitantes se paseará por estas tierras y seguro que escucharé algún que otro comentario acerca de las bondades y de las miserias de mi entorno en comparación con otros no tan lejanos. De gente que por pasar aquí unas semanas en agosto creerán conocer la mentalidad de los miles de habitantes de la región. Me esperan meses de conversaciones un tanto aburridas y de aguantar a algún que otro chovinista. Y también me encontraré con otros que quieren encontrar exactamente lo mismo que tenían en el lugar del que partieron, y que se pasarán las vacaciones lamentando que existan diferencias.

 Aun así les estoy agradecida, puesto que me recuerdan cada día que estas diferencias existen. Unas diferencias que no deberían distanciar sino acercar. Sin ellas los pueblos carecerían de personalidad propia y creo que deberíamos de esforzarnos más en conservarlas. El mundo occidental se vuelve cada vez más homogéneo y con esta homogeneización se pierde gran parte de nuestra cultura y de nuestro pasado. No deberíamos permitir que esto ocurra puesto que con ello perdemos también una parte de nosotros mismos.

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De la amistad a la indiferencia

Este fin de semana salí un rato. Ya hacía tiempo que no lo hacía y la verdad que fue divertido, pude volver a ver a algunas amistades, hablar un rato, tomar unas cervezas y hasta echarme unas risas que ya iba siendo hora. El día fue tranquilo y me crucé con mucha gente conocida y otra no tanto. En general no me suelen gustar este tipo de reuniones tan concurridas, pero tengo que reconocer que no estuvo mal del todo.

 Además, en un entorno así pude analizar ciertos comportamientos humanos y intentar buscarles un porqué. Sí, lo reconozco, a veces me gusta quedarme al margen de las conversaciones y contemplar las cosas desde fuera como un mero espectador, intentar comprender las reacciones y pautas de las personas y en definitiva llegar a conocerles mejor. La razón de esta actitud frente al mundo no la sé, pero es inevitable, siempre encuentro pequeñas cosas sobre las que pensar que me parecen interesantes.

 En este caso me llamó especialmente la atención que algunas personas fueran más amables que de costumbre. Me sorprendió que me hablaran con mucha más confianza cuando otras veces apenas habíamos cruzado unas palabras. El porqué de este cambio lo comprendí después, y simplemente se debe a haberme juntado últimamente con unas personas que, digamos, tienen sus mismos ideales. No es la primera vez que me ocurre. He pasado muchas veces de la amistad a la indiferencia, de la indiferencia a la enemistad y de la enemistad a la amistad sin haber hecho absolutamente nada más que hablar con tal o cual persona. Este hecho no deja de asombrarme y me parece más típico de un instituto de secundaria que de personas adultas. ¿Acaso no soy siempre la misma?

 Creo que nos preocupamos excesivamente en saber lo que hacen las personas que nos rodean y luego juzgarlas por ello. Pero la mayoría de veces no sabemos casi nada sobre ellas y apenas las conocemos realmente. Es muy complicado conocer a una persona y se necesita mucho tiempo para ello, pero aun así creo que merece la pena el esfuerzo. Cada uno de nosotros es un universo diferente del que aprender sobre el mundo y también sobre nosotros mismos. Un diamante en bruto que pulir y cuidar para sacar lo mejor de él, y aunque algunas veces en lugar de un diamante nos puede salir una piedra no creo que sea motivo suficiente para dejar de intentarlo.

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Yo por ti y…

Esta última semana ha sido como una película de Brad Silberling ya que una serie de catastróficas desdichas han azotado mi vida y han provocado mi ausencia virtual durante unos cuantos días. Ya se suele decir que las desgracias nunca vienen solas y al menos está vez así ha sido. Se podría hablar largo y tendido sobre ellas pero seria algo aburrido que caería en el más absoluto victimismo, cosa que no me apetece lo más mínimo. Aún así me quedaré con una pequeña anécdota no especialmente grave, o sí, según se vea.

Era jueves, aunque esto no importe mucho. Un jueves como otro cualquiera. Ese día cogí mi coche como de costumbre y lo aparqué. Luego caminé un trecho y llegué a la escuela en dónde tenía clase. Cuando acabé deshice el camino y la cotidianeidad dio paso a la sorpresa y la regularidad a lo inesperado. El coche seguía allí, dónde lo dejé. Pero alguien, durante la realización de una maniobra digna de elogio había, literalmente, destrozado la parte trasera del vehículo. Aunque busqué no había indicio alguno del culpable. Nada. Así que para la compañía aseguradora es un caso de daños propios.

Al final no ha sido para tanto, ya que de todos modos el seguro ha cubierto la mayor parte de los gastos pero, una vez más queda en evidencia la falta de civismo y de responsabilidad de algunos ciudadanos. Supongo que es mucho pedir que la gente de la cara y se responsabilice de sus errores, es mucho esfuerzo y poca recompensa el dejar un papel explicando lo sucedido y apuntar algunos datos personales.

La evasión es más fácil que la implicación y la falsa libertad de la que creen gozar les absuelve. Siempre a punto para recibir nuevos derechos y para librarse de antiguas obligaciones. Un camino al parecer más llano, más recto, más fácil se les ofrece. Pero a veces los sentidos nos engañan querido ciudadano, lo que creemos astucia e inteligencia no es más que ignorancia. El camino que parecía más fácil se vuelve angosto, al vaciar tus bolsillos de responsabilidades vas perdiendo tus libertades. El yo por ti y tu por mi se convierte en nadie por nadie. Egoísmo que da paso a la soledad y nos priva de la felicidad.

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Me gustaría ser como tú

Me gustaría ser como tú, siempre parece que estés contenta. Esta es una frase que siempre recordaré. La escuché dirigida a mi en el instituto, hace ya unos cuantos años, de boca de una compañera a la que no conocía mucho. La imagen que tenia de mi misma en esos momentos, en plena adolescencia, no era especialmente positiva y me sorprendió mucho que alguien quisiera ser como yo. De hecho sentí un poco de lástima por aquella chica Pensé que su tristeza debía de ser descomunal ya que yo no me sentía para nada contenta de como era ni de lo que tenía.

Pero como muchas veces en la vida, he acabado entendiéndolo todo. Ahora también envidio un poco a aquella yo de entonces. En aquel momento, a pesar de no ser especialmente afortunada, irradiaba felicidad porque aun me quedaba algo de inocencia, algo de esperanza y aun creía en un futuro diferente. Todo eso era precisamente lo que transmitía a los demás pero no me daba cuenta. Ahora que lo sé, me gustaría volver atrás en el tiempo y decirle a esa yo del pasado que valore más sus cualidades y que no pierda nunca la alegría. Pero eso no puede ser, mi yo del pasado ya quedó atrás.

Con el tiempo esa alegría se ha ido diluyendo a cada paso. Con los esfuerzos no recompensados, con el vacío de quienes ya no están, con las mentiras y sobretodo con las decepciones. Confiar y que te fallen, dar lo que nunca darán por ti. Y es que no hay nada como la vida para perder del todo la inocencia, disminuir la esperanza y fulminar la alegría.

Ahora soy más solitaria, más precavida, menos confiada y… más cosas pero a pesar de todo he logrado encontrar un rastro de alegría y un resquicio de esperanza. Y lo más importante, aun estoy a tiempo de decirle a mi yo del presente que NUNCA pierda la alegría.

* Si hoy tu autoestima está en horas bajas, busca y encontrarás.

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Hacer soportable lo insoportable

Hoy el día se ha levantado gris, el cielo está cubierto y las nubes dominan el horizonte. Salgo a pasear, las calles están tranquilas y solo me cruzo con algunos transeúntes que caminan solos. Excepto por las voces lejanas de los niños que juegan en el patio del colegio todo es silencio. Una mañana de lunes como cualquier otra, pero con más gente y más silencio que de costumbre. Las caras tristes y preocupadas se suceden. Conversaciones escuetas. Luego a casa.

 Avanzo hacia ninguna parte y llego al parque en dónde los perros corretean ajenos a los problemas humanos, es su momento de diversión. En el bar de la esquina la propietaria barre la acera esperando a esos clientes que no llegan. Las grandes mesas en las que almorzaban hace unos meses los trabajadores de la fábrica cercana están vacías. Sólo dos mesas con algún comensal adornan la sala. También aquí, en dónde siempre había risas, gritos e historias, ha llegado el silencio.

 Cuatro clientes habituales permanecen apoyados sobre la barra. Una copa, luego otra, viendo como pasa la mañana. La mente vacía, lo insoportable se vuelve soportable. Vivir no es fácil, beber sí. Borrachos, aislados, menospreciados, solos, olvidados. Pero si lo pensamos bien solamente víctimas de la sociedad y de ellos mismos. Solos en un mundo en el que han encontrado como aliado indestructible y amigo fiel al alcohol. Abocados a una muerte prematura como Nicolas Cage en Leaving Las Vegas. Sin mañana, sin futuro.

 Pero no todo está perdido, salir del túnel de desesperanza y encontrar motivos para vivir es posible. Muy difícil para algunos, lo sé, pero POSIBLE.

  * Por los que lucharon por salir del túnel y lo consiguieron, por los que no y por los que no lo intentaron. Por las familias, por los amigos y por los conocidos que estuvieron y están a su lado. Por todas las personas que interesada o desinteresadamente lucharon por ellos. Por aquella parte de la sociedad que no rechaza sino que tiende la mano.

 * Escribo esta entrada después de leer el libro “Il a jamais tué personne mon papa” de Jean-Louis Fournier, en el que me he inspirado para escribir una parte del texto.

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El destino de las casualidades

Ayer vi una película a la que le tenía ganas desde hacía tiempo, pero que por una razón o por otra siempre se acababa quedando ahí. Se trata de una cinta española dirigida, magistralmente en mi opinión, por Julio Medem y que lleva como título Los amantes del círculo polar. Para mi es un filme repleto de escenas y diálogos inolvidables, del que se podría (sin ninguna duda) hablar y departir durante horas. Uno de los conceptos centrales de la película es la casualidad como modo de moldear y definir la vida de las personas. Aunque supongo que habrá mucha gente que crea más en el destino inamovible y que piensen que el camino de cado uno ya está marcado desde que nace.

 Casualidad y destino, dos palabras que no significan nada y significan tanto a la vez. Palabras y conceptos creados para que la humanidad pueda explicarse cosas que le parecen inexplicables o difíciles de aceptar. Por lo mismo que nacieron las religiones dentro de cada una de las culturas humanas, para esclarecer lo desconocido y que, de ese modo, la existencia fuera más llevadera. Porque necesitamos creer en algo que de sentido a nuestras vidas.

 Esta es una función realmente importante, y que ha guiado durante siglos a muchas personas. Que las ha ayudado en su sufrimiento y les ha dado esperanza. Pero las religiones de este mundo no se han contentado con esto. Tocando en lo más hondo del sentimiento humano y aprovechándose de su necesidad de creer han desarrollado verdaderos imperios de la extorsión, han controlado a las masas mediante el miedo y se han enriquecido de la forma más vil que puede existir. Cualquier creencia me parece respetable, puesto que tiene una misma función para el individuo que la sigue, pero me asombra como aún hoy en día, siguen funcionando ciertas instituciones creadas en base a lo expuesto anteriormente.

 Aunque algunos románticos aun creemos en las casualidades tengo que advertiros de que estas son cada día menos comunes. Empiezo a pensar que nuestras vidas y nuestros destinos están marcados, no por fuerzas sobrenaturales como se creía antaño sino por formas mucho más humanas. Nos creíamos libres y a merced del azar pero fuerzas mucho más oscuras dominan nuestras vidas y escriben nuestro futuro. Cruel capitalismo, tan amado por unos y tan odiado por otros.

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¿Has encontrado trabajo de… lo TUYO?

Ayer fui a firmar el cese, así que vuelvo a estar oficialmente en las listas del paro. Qué novedad. Ya sé que en algunos posts anteriores conté que no tenia trabajo pero la verdad es que un empleo que dura cuatro días no debería contar como tal. En vista de las expectativas que tenia de volver a trabajar en lo mío, decidí que ya era hora de cambiar de escenario y por eso acepté este mini-job: todo iban a ser ganancias. Por un lado iba a ganar dinero y por otro una nueva experiencia. Aun así me costó decidirme. ¿Y eso porqué? Pues ahora mismo me parece una tontería pero supongo que no lo es, y en este dilema estarán muchas personas en este momento.

 Me pasé años estudiando y enfocando mi vida hacia lo que iba a ser un tipo concreto de trabajo y cuando por fin mi preparación estaba completa y estaba trabajando, zas, la crisis, el paro, la desaceleración económica…etc., etc. El resto no hace falta contarlo. La cuestión es que al principio, pensaba en encontrar algún trabajo relacionado con lo que había estado haciendo hasta ahora, en resumen, algo para lo cual se necesitaran los años de preparación que yo llevaba a mis espaldas. Para mi, empezar a trabajar en algo diferente era un fracaso. Como haberte preparado para algo y haber luchado por ello y al final no conseguirlo, me lo tomaba como algo personal. Esto me impedía abrir la mente hacia otras oportunidades que pudieran ser atrayentes y que pudieran agradarme.

 Pero, ¿qué importa el sector en el que trabajes mientras que estés contenta con lo que haces? La vida de nuevo me ha dado una lección y ahora ya no tengo ninguna duda. Es necesario reinventarse día a día y luchar por nuestra felicidad. El fracaso no es trabajar de algo diferente para lo que te habías preparado sino todo lo contrario. Sé que hay muchas personas en este momento con la autoestima por los suelos por no encontrar ese trabajo para el que tanto se habían preparado. La situación es complicada para todos lo sé. Pero no tiréis la toalla, la capacidad humana para adaptarse es mucho mayor de lo que pensáis, no dejéis de luchar puesto que en cualquier sitio podéis encontrar esa oportunidad que estabais esperando. Luchad hasta el final, pues vuestra valía no esta solo en vuestros conocimientos también en vuestras habilidades y capacidades.